Olvidarás el fuego, una novela archivo sobre Joseph Lumbroso y la Inquisición

19/11/2022 - 12:00 am

Gabriela Riveros habló con SinEmbargo sobre su más reciente novela, la cual narra la tragedia de los Carvajal a través de la historia de Luis de Carvajal “El Mozo” o “Joseph Lumbroso”, cuyas memorias fueron recuperadas por el Gobierno de México en 2017 después de que fueran robadas más de 80 años atrás.

Ciudad de México, 19 de noviembre (SinEmbargo).– En 1932 fue sustraído del Archivo General de la Nación el Manuscrito de Carvajal —escrito por Luis de Carvajal “El Mozo” o “Joseph Lumbroso”, como se le conocía—, un documento que es considerado el primero elaborado por un judío en América. Tuvieron que pasar más de 80 años para que en 2017 regresara a México, y aún unos años más para contar la historia que hay detrás, un relato sobre la tragedia de la familia Carvajal, la cual es desentrañada por la escritora Gabriela Riveros en su novela Olvidarás el fuego (Lumen).

“En 2017 cuando aparecen las memorias de Luis de Carvajal es cuando dije ‘voy a hacer una novela’, creo que la primera novela de este personaje que nadie lo ha llevado a la novela. Hay una película, hay una obra de teatro, hay una ópera, pero nadie había hecho una novela”, comentó Riveros en entrevista con SinEmbargo.

La autora explicó que en esta historia “hay dos pilares muy importantes”, el primero, el principal, “Luis de Carvajal ‘El Mozo’, un muchacho que a los 29 años fue quemado en la hoguera (en la Alameda Central de la Ciudad de México) junto con su madre y sus hermanas, acusado de hereje y de judaizante”, y el otro su tío, Don Luis de Carvajal y de la Cueva, fundador del Nuevo Reino de León, cuya vida “pasó a la historia como una historia mal contada porque los historiadores replicaron lo que dijeron sus enemigos y no lo que él escribió en la cárcel hasta que en 2003 empezó a aparecer la información que daba a conocer que en verdad él no fue esclavista, que en verdad él no había practicado el judaísmo, su único pecado era haber encubierto o no haber delatado a la familia de su hermana”.

En Olvidarás el fuego, Gabriela Riveros también comparte con el lector una meta narrativa en la que cuenta cómo se construye una novela. “Me gusta eso, poder compartir mi fascinación ante los archivos, los documentos antiguos, qué se siente estar en frente de esos papeles, de las firmas, de los protagonistas de esos textos y bueno, creo que también la novela puede ser una especie de mesa de trabajo en donde los lectores pueden encontrar los archivos, las fotografías, la música que yo escuchaba porque en las novelas tanto esta como Destierros, mi novela anterior, tienen un QR para escuchar la música con la que yo escribí las novelas, ahí está la crónica”, compartió.

De esta manera, en esta historia el lector explorará en una “novela archivo”, pues a partir de distintas tipografías podrá conocer extractos de documentos que corresponden a los diálogos de los Carvajal registrados en los archivos así como las memorias de Luis de Carvajal.

“Había tanta información en los archivos que fui hilando sus voces para que ellos sean protagonistas y no sean nada más unos personajes sino que su voz, del siglo XVI, su historia, su memoria, su sentir lo podemos rescatar de manera que yo de pronto novelo y luego intercalo un hilo y pongo un fragmento de las memorias de Luis de Carvajal ‘El Mozo’ y así podemos ver en sus propias palabras cómo vivió eso y luego puedo poner una línea de cómo Doña Francisca Carvajal, su madre, qué dijo cuando estaba en la tortura y qué dijo el inquisidor, y fíjate que la novela tiene como once tipografías y entones así el lector puede ir identificando”, expuso.

Olvidarás el fuego, la novela de Gabriela Riveros.

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—¿Nos podrías contar un poco sobre esta historia que hay detrás de estos escritos, en los cuales habías trabajado previamente, recuperas y haces toda esta novela?

—Es una historia que estuvo en el olvido porque ese era el propósito de la Inquisición, que esta cultura y esta forma de ser se olvidara, se extinguiera, querían extirparla y casi lo logran porque más de tres siglos esto se olvidó, todos estos registros del archivo de Inquisición se quedaron ocultos en el Archivo de la Nación y se olvidaron y pues paradójicamente esto fue lo que lo salvó porque se libraron de incendios, inundaciones y de robos, y en el siglo XIX Vicente Riva Palacio los descubre. Él pide un permiso para llevarlos a su casa como un pago por haber participado en la batalla contra los franceses, los organiza y los da a conocer al mundo, pero realmente este conocimiento se quedó más que todo para los especialistas, para los historiadores, para los académicos, quienes efectivamente hay muchos libros publicados, no muchos pero sí hay bastante información de expertos, de gente muy reconocida a lo largo del siglo XX y bueno, pero se había quedado así.

En 2017 cuando aparecen las memorias de Luis de Carvajal es cuando dije ‘voy a hacer una novela’, creo que la primera novela de este personaje que nadie lo ha llevado a la novela. Hay una película, hay una obra de teatro, hay una ópera, pero nadie había hecho una novela. Entonces bueno, en esta historia hay dos pilares muy importantes: uno, lo que primero me atrapó es esta figura, este protagonista que es Luis de Carvajal ‘El Mozo’, un muchacho que a los 29 años fue quemado en la hoguera junto con su madre y sus hermanas, acusado de hereje y de judaizante.

Entonces por un lado está esta historia entrañable de tantos miles de personas que tuvieron que salir de España y Portugal, que tuvieron que decidir migrar en algún momento porque no podían estar en los reinos donde estaban los reyes católicos o sus sucesores Carlos V, Felipe II, y bueno este personaje es muy entrañable porque fue como un místico, digamos, él es contemporáneo a los místicos como Santa Teresa de Ávila como San Juan de la Cruz y él es como un místico del judaísmo y fue escritor, creo que eso fue lo que más me acercó a él como esta manera de evitar el mundo a través de las palabras y saber que a sus 29 años lo habían quemado.

Cuando yo escuché por primera vez de él, yo era muy joven, tendría unos 20 años, pensaba ‘nadie nos ha contado sobre la Inquisición, nadie nos cuenta que detrás de la fundación de una ciudad como Monterrey y quizá de otras más, hay estos procesos tan dolorosos para las familias que tuvieron que dar sus vidas por el derecho a la libertad de credo, de pensamiento’.

Pero luego también lo que está detrás de esta novela es que quizá no todos acababan en la hoguera, el asunto aquí era que era vital para los que estaban en el poder en el momento deshacerse de Don Luis de Carvajal y de la Cueva, su tío, porque su proyecto era muy importante, era un proyecto en donde el Rey Felipe II le había otorgado 200 leguas cuadradas, que esto es más o menos desde el Río Palmas en la zona de Tampico, el Pánuco por ahí, hasta la Florida en Estados Unidos pasando por ocho estados de nuestra República y todo el sur de EU, y con unos poderes por encima del virrey, entonces claro que algunas de estas tierras ya habían sido asignadas antes y se empalmaban, y bueno esto le creó muchos problemas con el señor que estaba en la audiencia real que era Eugenio de Salazar con otras personas de la nueva Vizcaya que estaban en la zona de Saltillo que es este señor Juan Morlete y poco a poco se van aliando sus enemigos para ver cómo deshacerse de él y de las cabezas que acompañan este proyecto.

Y bueno, entonces detrás de esta novela están esos dos pilares, esta historia de familia, esta historia de un místico, de un joven erudito que hablaba muchos idiomas, que anduvo con su tío explorando tierras y siendo comerciante pero a la vez era poeta, pero por otro lado, toda esta historia de traiciones y de lucha política por deshacerse de Don Luis de Carvajal y de la Cueva, no sólo de su vida, de su cuerpo sino incluso de su memoria porque pasó a la historia como una historia mal contada porque los historiadores replicaron lo que dijeron sus enemigos y no lo que él escribió en la cárcel hasta que en 2003 empezó a aparecer la información que daba a conocer que en verdad él no fue esclavista, que en verdad él no había practicado el judaísmo, su único pecado era haber encubierto o no haber delatado a la familia de su hermana y bueno, también de eso va la novela.

—Tu novela inicia con Luis de Carvajal en prisión, dando cuenta de cómo formaba todos estos escritos en cáscaras. ¿Cómo son estos escritos y cómo fue que se perdieron?

—El Archivo de la Nación tiene más de 100 metros lineales de documentos de Inquisición entre los cuales hay muchos documentos sobre los Carvajal, ahí siempre han estado desde que la descendencia de Vicente Riva Palacio los devolvió al Archivo de la Nación, ahí están los procesos de Carvajal con todos los interrogatorios hechos a su madre, hermanas, amigos, lo del tío, también cómo se organizaban estos autos de fe, ahí uno puede encontrar todo.

Lo que fue robado en 1932 por un investigador fue todo lo que era pequeño porque como estaba hecho para la clandestinidad por lo mismo fue fácil robarlo. Este señor había sido invitado a dar unos cursos a la UNAM, vino de la zona de Chicago, pero era como de origen polaco alemán, pero luego vivió muchos años en el Brasil y ahora estaba viviendo en Chicago, llega e inmediatamente pide ver los documentos de los Carvajal, de Luis de Carvajal “El Mozo” y entonces se roba las memorias, que son pequeñitas, son más chiquitas que un celular el librito y entonces se los guardaba quizá en un saco y también se robaba las cartas que hacía Luis.

Ellos tuvieron dos procesos de Inquisición, la primera vez se salvaron pero la Inquisición no te daba una segunda oportunidad, la segunda vez que estuvieron en la cárcel ya sabían que iban a morir; entonces él escribía unas cartas bellísimas a su madre, a sus hermanas, como dándoles fortaleza y apoyo y las escondía en plátanos, en pedazos de queso, en huesos de aguacate, adentro de los melones, bueno, escondía estos mensajes y eso también desapareció, desapareció también un modo de oración que es un libro extraordinario porque es como de una profundidad espiritual fuera de serie, otro libro chiquito que son como la ley de Dios con letras de hojas de oro y hay más cosas desaparecidas.

Este señor (el investigador) salía y yo creo que caminaba por Zócalo, Tacuba y llegaba por correos creo que los enviaba y estuvieron desaparecidos durante más de 80 años hasta que aparecieron, primero antes de Nueva York aparecieron en Londres y al parecer nadie las reconoció y se vendieron muy baratas y luego, quizás seis meses después, aparecen en las galerías de Nueva York y es ahí donde se dan cuenta. Claro ya habían salido 50 veces más caras o una cosa así, pero ahí es donde un empleado se da cuenta que esto es idéntico de lo que fue robado de México desde hace mucho tiempo y dan aviso a las autoridades mexicanas con el contacto en el cónsul Diego Gómez Pickering, en aquel momento vivía también Rafael Tovar y de Teresa y él indica que se mande y que vaya al Dr. Baltazar Brito, director de la Biblioteca Nacional, entonces él es quien va y se da cuenta que son los originales y bueno, se pudo comprobar que esto había sido extraído de manera ilícita, que había sido un robo y el Señor Leonard L. Milberg pudo adquirir no sé con qué suma estos documentos y los digitalizan en Bristol, los exhiben en Nueva York y luego los devuelven, los donan a México y hoy en día, estos documentos están en resguardo por el INAH, ya no regresaron al Archivo de la Nación.

En el Archivo de la Nación, que está en Lecumberri, ahí están sus procesos y en cambio estos libritos pequeños están en la biblioteca del INAH.

—En la novela cuentas sobre tu investigación, ¿pero cómo vas construyendo este texto, cómo vas recorriendo calles, los documentos, los archivos?

—Me gusta mucho esta idea de la novela abierta o que de las obras de arte deben de ser obras abiertas en donde no haya una sola voz o una sola mirada que cuente todo por eso creo que desde que escribía cuentos, escribía con estas múltiples miradas, pero también me gusta esto que bien mencionas que se llama la meta narrativa o meta escritura y es un poco como compartir la historia de una novela que cuenta cómo se hace una novela, cómo se construye una novela, y me gusta eso, poder compartir mi fascinación ante los archivos, los documentos antiguos, qué se siente estar en frente de esos papeles, de las firmas, de los protagonistas de esos textos y bueno, creo que también la novela puede ser una especie de mesa de trabajo en donde los lectores pueden encontrar los archivos, las fotografías, la música que yo escuchaba porque en las novelas tanto esta como Destierros, mi novela anterior, tienen un QR para escuchar la música con la que yo escribí las novelas, ahí está la crónica, entonces sí son estas novelas como un poco más experimentales, en donde estoy jugando y esta parte que requieren un trabajo mucho más activo por parte de los lectores porque también tienen que ir armando como un rompecabezas, esta novela tiene también un árbol genealógico, tiene mapas.

—Hay además extractos de estos documentos insertados en la novela, los pones con una fuente distinta para distinguirlos…

—Sí, eso creo que es importante porque no se trata de que yo novele y dé la voz a todos sino que en este caso había tanta información en los archivos que fui hilando sus voces para que ellos sean protagonistas y no sean nada más unos personajes sino que su voz, del siglo XVI, su historia, su memoria, su sentir lo podemos rescatar de manera que yo de pronto novelo y luego intercalo un hilo y pongo un fragmento de las memorias de Luis de Carvajal ‘El Mozo’ y así podemos ver en sus propias palabras cómo vivió eso y luego puedo poner una línea de cómo Doña Francisca Carvajal, su madre, qué dijo cuando estaba en la tortura y qué dijo el inquisidor, y fíjate que la novela tiene como once tipografías y entones así el lector puede ir identificando ‘pues esta es una carta, este es un testimonio y esto contestó el inquisidor, esto lo dijo Joseph, esto escribió’ y entonces hay un hilado de muchas voces y en ese sentido también es como una novela archivo, un poco como hace quizá Cristina Rivera o Alberto Ruiz Sánchez con sus recientes novelas, Valeria Luiselli.

—En 1596 miles de personas presenciaron como Luis de Carvajal y su familia fueron quemados en una hoguera en la Alameda Central, ¿cómo diste con esta información, dónde la hallaste y cómo construiste todo este escenario?

—Traté de leer todo lo que encontré escrito sobre los Carvajal y para nuestro asombro hay libros incluso en otros países, hay una australiana Ana Lanion que tiene un libro de historia y, por ejemplo, ahí encontré muy bien en qué lugar de la Alameda Central había sido el quemadero porque la Alameda Central pues es muy grande y bueno, hubo una serie de libros desde los de Alfonso Toro antes de que se robaran las memorias. Es como armar un rompecabezas porque lees muchísimas fuentes y vas colocándolas, haciendo cronologías, incluso hay cosas que a veces se contradicen, entonces era como reflexionar o ver cuáles serían las fuentes de estas, cuáles del otro para ver con qué pieza me quedaba.

—¿Falta rescatar también su obra, se habla de que es el primer judío en haber escrito en América?

—La verdad es que la novela es extensa y era mucho más extensa y podría hacer 10 tomos, o sea, hay tanto que decir no sólo de él sino de sus hermanas, de sus cuñados, de toda esa comunidad. Yo por eso al final no iba a poner bibliografía pero mi editora me dijo ‘incluye algo de bibliografía’ y yo dije ‘claro’ porque esto es como una invitación a que vengan a explorar todo lo que hay aquí detrás y por supuesto una de esas facetas sería ahondar en él en su literatura.

Obed Rosas
Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM. Estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras.
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